El Camino a la Felicidad España


Los 21 preceptos
























12. SALVAGUARDA1 Y MEJORA TU ENTORNO




precepto anterior siguiente precepto


12.1 Mantén buena apariencia.


Algunas veces a ciertos individuos no se les ocurre —ya que no tienen que pasar sus días contemplándose a sí mismos— que ellos forman parte del panorama y la apariencia de otros. Y algunos no se dan cuenta de que otros los juzgan en función de su apariencia.
Aunque la ropa puede ser costosa, el jabón y otros utensilios para el aseo personal no son tan difíciles de conseguir. Las técnicas son a veces difíciles de descubrir, pero se pueden desarrollar.
En algunas sociedades, cuando son bárbaras o se vuelven muy degradadas, incluso puede estar de moda ser un adefesio público. En realidad, esto es un síntoma de falta de respeto por uno mismo.
Al hacer ejercicio y al trabajar, uno puede ensuciarse mucho. Pero esto no impide limpiarse. Y, como ejemplo, algunos trabajadores europeos e ingleses mantienen un buen estilo en su apariencia, incluso cuando trabajan. Algunos de los mejores atletas, uno lo nota, tienen buen aspecto a pesar de estar empapados en sudor.
Un entorno afeado por gente desarreglada puede tener un sutil efecto deprimente en la moral2 de uno.
Anima a la gente a tu alrededor a tener buena apariencia; con un cumplido cuando lo hace, o incluso, ayudándola amablemente con sus problemas cuando no es así. Esto podría aumentar su respeto por sí misma y también su moral.

12.2 Cuida tu propia área.


Cuando la gente es desordenada con sus posesiones y en su área, esto puede repercutir en la tuya.
Cuando la gente parece ser incapaz de cuidar sus propias cosas y lugares, es un síntoma de que siente que no se la acepta y que no posee realmente sus propias cosas. Cuando eran jóvenes, las cosas que les “dieron” tenían demasiadas advertencias y condiciones impuestas, o se las quitaron los hermanos, las hermanas o los padres. Y quizás no se sentían bien recibidos.
Las posesiones, las habitaciones y las áreas de trabajo, los vehículos de estas personas, anuncian que no son realmente propiedad de nadie. Peor aún, a veces se puede observar una especie de rabia en contra de las posesiones. El vandalismo3 es una manifestación de ello: la casa o el automóvil que “nadie posee” pronto se echa a perder.
Aquellos que construyen y tratan de mantener viviendas subvencionadas, con frecuencia se desalientan por la rapidez con que estas se echan a perder. Los pobres, por definición, poseen poco o nada. Hostilizados de diversos modos, también llegan a sentir que no son aceptados.
Pero ya sea rica o pobre y por cualquier razón, la gente que no cuida sus posesiones y lugares puede causar desorden a quienes la rodean. Estoy seguro de que puedes recordar ejemplos de esto.
Pregunta a esas personas qué poseen realmente en la vida y si realmente son aceptadas donde están, y recibirás algunas respuestas sorprendentes. Y les ayudarás bastante también.
El arte de organizar propiedades y lugares puede enseñarse. Puede ser una idea nueva para alguien que un objeto, cuando se coge y se usa, debería ponerse de vuelta en el mismo lugar de manera que se pueda encontrar otra vez: algunos pasan la mitad de su tiempo sólo buscando cosas. Un poco de tiempo empleado en organizarse puede recompensar con más rapidez en el trabajo. No es el desperdicio de tiempo que algunos creen.
Para proteger tus propias posesiones y lugares, haz que otros cuiden los suyos.

12.3 Ayuda a cuidar el planeta.


La idea de que uno está compartiendo el planeta y de que uno puede y debería ayudar a cuidarlo puede parecer enorme y para algunos, mucho más allá de la realidad. Pero hoy en día, lo que pasa en el otro lado del mundo, aunque sea muy lejos, puede afectar a lo que sucede en tu propio hogar.
Recientes descubrimientos, hechos mediante sondas espaciales a Venus, han mostrado que nuestro propio mundo podría deteriorarse hasta un punto en que ya no podría tolerar vida. Y esto podría llegar a suceder durante nuestro propio período de vida.
Talemos demasiados bosques, contaminemos demasiados ríos y mares, ensuciemos la atmósfera, y estamos listos. La superficie terrestre puede ponerse al rojo vivo, y la lluvia puede convertirse en ácido sulfúrico. Todos los seres vivos podrían morir.
Uno puede preguntar: “Aun cuando eso fuera verdad, ¿qué podría hacer yo al respecto?”. Bueno, aun cuando uno simplemente frunciera el ceño cuando la gente hace cosas para estropear el planeta, uno estaría haciendo algo al respecto. Aun cuando uno sólo mantuviera la opinión de que, simplemente, no es bueno destrozar el planeta, y expresara esa opinión, uno estaría haciendo algo.
El cuidado del planeta comienza en nuestro propio patio. Se extiende por el área por la que uno pasa para llegar a la escuela o al trabajo. Incluye lugares como aquellos adonde uno va a pasar un día de campo o va de vacaciones. La basura que ensucia el terreno y el suministro de agua, la maleza seca que invita al fuego, estas son cosas a las que uno no debe contribuir, y por las que uno puede hacer algo en momentos en los que, por otro lado, uno no tiene nada que hacer. Plantar un árbol puede parecer muy poco pero es algo.
En algunos países, la gente de edad, los desempleados, no se quedan sentados por ahí derrumbándose: se los ocupa para cuidar los jardines, los parques y bosques, para recoger la basura y añadir algo de belleza al mundo. No faltan recursos para cuidar el planeta. Principalmente, se ignoran. Uno observa que el Cuerpo Civil de Conservación, organizado en Estados Unidos en la década de los treinta para absorber las energías de los oficiales desempleados y los jóvenes, fue uno de los pocos, si no el único proyecto de esa época de depresión, que creó mucha más riqueza para el Estado de lo que costó. Reforestó grandes áreas e hizo otras cosas valiosas para la parte del planeta correspondiente a Estados Unidos. Vemos que el Cuerpo Civil de Conservación ya no existe. Uno puede al menos añadir su opinión de que proyectos como esos son valiosos y puede apoyar a los líderes de opinión y a las organizaciones que llevan a cabo tareas para mejorar el entorno.
No hay falta de tecnología. Pero la tecnología y su aplicación cuestan dinero. El dinero está disponible cuando se siguen políticas económicas sensatas, políticas que no penalizan a todos. Tales políticas existen.
Hay muchas cosas que uno puede hacer para ayudar a cuidar el planeta. Empiezan con la idea de que uno debería hacerlo. Progresan al sugerirles a otros que deberían hacerlo.
El Hombre ha alcanzado la capacidad potencial de destruir el planeta. Se le debe llevar hacia mejorar la capacidad y las acciones de salvarlo.
Es, después de todo, el suelo que pisamos.
Si otros no ayudan a proteger y a mejorar el entorno,
El camino a la felicidad podría no tener en absoluto
un firme sobre el que viajar.

1. salvaguardar: evitar que algo sea dañado; proteger.
2. moral: la actitud mental y emocional de un individuo o un grupo; sensación de bienestar, disposición para seguir adelante; un sentido de propósito común.
3. vandalismo: destrucción intencionada y maliciosa de la propiedad pública o privada, especialmente de algo hermoso o artístico.


precepto anterior siguiente precepto