El Camino a la Felicidad España


Los 21 preceptos
























17. SE COMPETENTE1




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En una era de equipos complicados, máquinas y vehículos de alta velocidad, la supervivencia de uno y la de su familia y amigos depende en gran medida de la competencia general de otros.
En el mundo de los negocios, en las ciencias, en las humanidades y en el gobierno, la incompetencia2 puede amenazar las vidas y el futuro de unos pocos o de la mayoría.
Estoy seguro de que puedes pensar en muchos ejemplos de estas cosas.
El hombre siempre ha tenido el impulso de controlar su destino. La superstición, la propiciación a los dioses favorables, las danzas rituales previas a la cacería, todo eso puede verse como esfuerzos (no importa lo débiles o vanos que sean) por controlar el destino.
No fue sino hasta que aprendió a pensar, a valorar el conocimiento y a aplicarlo con destreza competente, que empezó a dominar su entorno. El verdadero “regalo del cielo” puede haber sido el potencial de ser competente.
En las ocupaciones y actividades comunes, el hombre respeta la maestría y la capacidad. Estas, en un héroe o en un atleta, son casi idolatradas.
La prueba de la verdadera competencia es el resultado final.
En la medida en que un hombre es competente, sobrevive. En la medida en que es incompetente, perece.
Fomenta la obtención de competencia en cualquier ocupación provechosa. Felicítalo y recompénsalo siempre que lo encuentres.
Exige altos estándares de actuación. La prueba de una sociedad es si tú, tu familia y tus amigos podéis vivir en ella con seguridad.
Los ingredientes de la competencia incluyen observación, estudio y práctica.

17.1 Mira.


Ve lo que tú ves, no lo que alguien te dice que ves.
Lo que tú observas es lo que tú observas. Mira a las cosas y a la vida y a los demás directamente, no a través de ninguna nube de prejuicio, cortina de miedo ni interpretación ajena.
En vez de discutir con los demás, haz que miren. Las mentiras más flagrantes pueden ser demolidas, los mayores fingimientos pueden ponerse al descubierto, los acertijos más complicados pueden resolverse, las más extraordinarias revelaciones pueden ocurrir simplemente insistiendo amablemente en que alguien mire.
Cuando otro encuentra que las cosas son demasiado confusas y difíciles de soportar, cuando él o ella le está dando vueltas y vueltas haz que la persona se retire a cierta distancia y mire.
Lo que encuentran es generalmente muy obvio cuando lo ven. Entonces pueden continuar y manejar cosas. Pero si no lo ven ellos mismos, si no lo observan por sí mismos, quizás tenga muy poca realidad para ellos y todas las instrucciones y órdenes y castigos del mundo no resolverán su enredo.
Uno puede indicar en qué dirección mirar y sugerir que realmente miren: las conclusiones dependen de ellos.
Un niño o un adulto ve lo que él mismo ve y esa es la realidad para él.
La verdadera competencia está basada en la propia capacidad de observar. Con esto como realidad, solamente entonces, puede uno ser diestro y sentirse seguro.

17.2 Aprende.


¿Ha habido alguna ocasión en que otra persona tenía algunos datos falsos sobre ti? ¿Te causó dificultades?
Esto puede darte una idea de los estragos que los datos falsos pueden causar.
Tú también puedes tener algunos datos falsos sobre otro.
Separar lo falso de lo verdadero da lugar a la comprensión.
Hay muchos datos falsos por ahí. Individuos con malas intenciones los inventan para favorecer sus propios fines. Algunos de ellos provienen de la ignorancia pura y simple de los hechos. Esto puede obstruir la aceptación de los datos verdaderos.
El proceso principal del aprendizaje consiste en inspeccionar los datos disponibles, separando lo verdadero de lo falso, lo importante de lo no importante y llegar así a conclusiones que uno extrae y puede aplicar. Si hace esto, uno ya ha recorrido una buena parte del camino a ser competente.
La prueba de cualquier “verdad” es si es verdad para ti. Si cuando has o tenido el conjunto de los datos, has aclarado cualquier palabra en ellos que no comprendes, y has observado cuidadosamente el escenario, está aún no parece ser cierta, entonces no es verdad en lo que a ti respecta. Recházala. Y si quieres, continúa en ello y concluye cuál es la verdad para ti. Después de todo, tú eres el que va a tener que usarla o no usarla, pensar de acuerdo a ella o no pensar de acuerdo a ella. Si uno acepta “hechos” o “verdades” ciegamente sólo porque se le dice que debe hacerlo, “hechos” y “verdades” que no le parecen a uno ciertos, o incluso le parecen falsos, el resultado final puede ser lamentable. Ese es el callejón que lleva al basurero de la incompetencia.
Otra parte del aprendizaje incluye sencillamente aprender las cosas de memoria: como la ortografía de las palabras, las tablas y fórmulas matemáticas, la secuencia de qué botones apretar. Pero aun en la simple memorización, uno tiene que saber para qué es el material, y cómo y cuándo usarlo.
El proceso de aprendizaje no es solamente amontonar datos sobre más datos. Es obtener conocimientos nuevos y mejores maneras de hacer las cosas.
Los que avanzan en la vida nunca dejan realmente de estudiar ni de aprender. El ingeniero competente se mantiene al día de los nuevos métodos; el buen atleta revisa continuamente el progreso de su deporte; cualquier profesional tiene a mano un montón de textos y los consulta.
El nuevo modelo de batidora o de lavadora, el coche último modelo, todos exigen algo de estudio y aprendizaje antes de poder manejarlos competentemente. Cuando la gente omite esto, el resultado son accidentes en la cocina y montones de chatarra ensangrentada en las carreteras.
Es un tipo muy arrogante aquel que piensa que no tiene nada más que aprender en la vida. Es un individuo peligrosamente ciego aquel que no se deshace de sus prejuicios y datos falsos y los suple con hechos y verdades que puedan contribuir más adecuadamente a su propia vida y a la de los demás.
Hay formas de estudiar, de manera que uno aprenda realmente y pueda usar lo que aprende. En pocas palabras, se trata de tener un maestro y/o textos que saben de lo que están hablando; de aclarar cada palabra que no se comprenda totalmente; de consultar otras referencias y/o el escenario del tema; de aclarar los datos falsos que uno pudiera tener: cribar lo falso de lo verdadero basándose en lo que ahora es verdad para ti. El resultado final será certeza y competencia potencial. Puede ser, en realidad, una experiencia radiante y gratificante. Semejante a ascender por una montaña traicionera a través de zarzas, pero llegando a la cima con una nueva visión de todo el ancho mundo.
Una civilización, para sobrevivir debe cultivar los hábitos y capacidades de estudio en sus escuelas. Una escuela no es un lugar donde uno pone a los niños para quitárselos de en medio durante el día. Sólo para eso, sería demasiado cara. No es un lugar donde uno fabrica cacatúas. La escuela es donde uno debería aprender a estudiar y donde a los niños se les puede preparar para entender y afrontar la realidad, aprender a manejarla competentemente y estar preparados para asumir la dirección del mundo del mañana: el mundo donde los adultos de hoy estarán en su madurez o vejez.
El delincuente recalcitrante nunca aprendió a aprender. Repetidamente, los tribunales tratan de enseñarle que si comete el delito otra vez regresará a prisión: la mayoría de ellos comete de nuevo el delito y regresa a prisión. De hecho, los delincuentes son los causantes de que se aprueben más y más leyes. El ciudadano decente es el que obedece las leyes; los delincuentes, por definición, no lo hacen: los delincuentes no pueden aprender. Ninguna de las órdenes ni instrucciones ni castigos ni coacciones van a funcionar en un ser que no sabe cómo aprender y que no puede aprender.
Una característica de un gobierno que se ha vuelto criminal, como ha sucedido algunas veces en la historia, es que sus líderes no pueden aprender: todos los antecedentes y el sentido común les deberían haber dicho que el desastre sigue a la opresión; sin embargo, se han necesitado violentas revoluciones para manejarlos, o una Segunda Guerra Mundial para deshacerse de un Hitler; y esos fueron acontecimientos muy desdichados para la Humanidad. Ellos no aprendieron. Se deleitaron con los datos falsos. Rechazaron toda evidencia y verdad. Tuvieron que ser eliminados.
Los dementes no pueden aprender. Impulsados por intenciones malignas ocultas o aplastados más allá de la capacidad para razonar, los hechos y la verdad y la realidad están muy lejos de su alcance. Son la personificación de los datos falsos. No quieren o no pueden percibir realmente ni aprender.
Una multitud de problemas personales y sociales surge de la incapacidad de aprender o de negarse a hacerlo.
Las vidas de algunos a tu alrededor se han descarriado porque no saben estudiar, porque no aprenden. Probablemente puedes pensar en algunos ejemplos.
Si alguien no puede hacer que aquellos que están a su alrededor estudien y aprendan, su propio trabajo puede volverse más pesado e incluso sobrecargado y su propio potencial de supervivencia puede reducirse en gran medida.
Uno puede ayudar a otros a estudiar y a aprender, aunque sólo sea poniendo a su alcance los datos que deberían tener. Uno puede ayudar simplemente reconociendo lo que han aprendido. Uno puede ayudar, aunque sólo sea apreciando cualquier aumento de competencia que se demuestre. Si uno quiere, puede hacer más que eso; se puede ayudar a otros, sin disputas, ayudándolos a aclarar datos falsos; ayudándolos a encontrar y aclarar palabras que no han comprendido; ayudándolos a encontrar y manejar las razones por las que no estudian y aprenden.
Como la vida consiste, en buena medida de ensayos y errores, en lugar de reprender a alguien que comete un error, encuentra cómo es que se cometió el error, y ve si el otro puede aprender algo de ello.
De vez en cuando, puedes quedarte sorprendido al resolver la vida de una persona sólo por haber hecho que esa persona estudie y aprenda. Estoy seguro de que puedes pensar en muchas maneras de hacerlo. Y creo que encontrarás que las más suaves funcionan mejor. El mundo ya es bastante brutal con la gente que no puede aprender.

17.3 Practíca.3


El aprendizaje da fruto cuando se aplica. La sabiduría, por supuesto, puede buscarse por ella misma: hay incluso una cierta belleza en ella. Pero a decir verdad, nadie sabe nunca realmente si es sabio o no hasta que ve los resultados al tratar de aplicarla.
Cualquier actividad, destreza o profesión —cavar zanjas, derecho, ingeniería, cocina o lo que sea— no importa lo bien que se estudie, acaba encontrándose con la prueba de fuego: ¿puede uno HACERLO? Y esa acción requiere práctica.
Los dobles de cine que no practican primero, se lastiman. Lo mismo les pasa a las amas de casa.
La seguridad no es, en realidad, un tema popular. Debido a que generalmente va acompañada de “ten cuidado” y “ve despacio”, la gente puede sentir que se le están poniendo restricciones. Pero existe otro enfoque: si alguien ha practicado realmente, su habilidad y destreza son tales que no tiene que “ser cuidadoso” ni “ir despacio”. El movimiento de alta velocidad sin riesgos es posible únicamente con la práctica.
La habilidad y la destreza propias se deben elevar hasta que igualen la velocidad de la época en que uno vive. Y eso se hace con práctica.
Uno puede entrenar sus ojos, su cuerpo, sus manos y pies, hasta que, con práctica, en cierto modo ellos “llegan a saber”. Uno ya no tiene que “pensar” para preparar el hornillo o aparcar el coche: uno simplemente lo HACE. En cualquier actividad, gran cantidad de lo que parece “talento” es en realidad sólo práctica.
Al no determinar cada movimiento que uno hace para realizar algo, y luego no hacerlo una y otra vez hasta que consigue hacerlo sin tan siquiera pensar en ello y con velocidad y precisión, uno puede crear el marco para que ocurran accidentes.
Las estadísticas tienden a confirmar que la gente que ha practicado menos tiene la mayoría de los accidentes.
El mismo principio se aplica a los oficios y profesiones que usan la mente principalmente. El abogado que no ha ejercitado y ejercitado y ejercitado los procedimientos de sala de los tribunales puede no haber aprendido a cambiar sus engranajes mentales lo suficientemente rápido como para hacer frente a nuevos giros en el caso y lo pierde. Un nuevo corredor de bolsa que no ha practicado podría perder una fortuna en minutos. Un vendedor principiante que no ha ensayado vender puede morir de hambre por falta de ventas. La respuesta correcta es ¡practicar, practicar y practicar!
Algunas veces uno encuentra que no puede aplicar lo que ha aprendido. Si es así, los fallos están en el estudio inadecuado, o en el maestro o en el texto. Una cosa es leer las instrucciones; algunas veces es otra cosa enteramente distinta el tratar de aplicarlas.
De vez en cuando, cuando uno no está llegando a ninguna parte con la práctica, se tiene que tirar el libro y empezar desde el principio. El campo de la grabación de sonido en cine ha sido así: si uno se atuviera a lo que viene en los libros de texto sobre grabación, no podría hacer que el canto de un pájaro sonara mejor que la sirena de un buque; por eso, en algunas películas no puedes entender lo que están diciendo los actores. El buen técnico de grabación de sonido tuvo que resolverlo todo por sí mismo para poder hacer su trabajo. Pero en el mismo campo del cine, hay algo completamente opuesto: varios textos sobre iluminación son excelentes; si se siguen exactamente, uno logra una escena preciosa.
Es lamentable, especialmente en una sociedad técnica de alta velocidad, que no todas las actividades estén tratadas adecuadamente en textos comprensibles. Pero eso no debería detenerlo a uno. Cuando existen textos buenos, valóralos y estúdialos bien. Cuando no existen, reúne los datos disponibles, estúdialos y resuelve el resto.
Pero la teoría y los datos florecen únicamente cuando se aplican, y se aplican con práctica.
Uno está en peligro cuando aquellos que lo rodean no practican sus destrezas hasta que realmente puedan HACERLAS. Hay una gran diferencia entre “bastante bueno” y la destreza y pericia profesionales. El vacío se llena con práctica.
Haz que la gente mire, estudie, lo entienda y luego lo haga. Y cuando lo haya entendido bien, haz que practiquen, practiquen, practiquen hasta que lo puedan hacer como un profesional.
Hay una alegría considerable en la destreza, la pericia y el movimiento rápido: únicamente con la práctica puede hacerse con seguridad. Tratar de vivir en un mundo de alta velocidad con gente de baja velocidad no es muy seguro.
El camino a la felicidad
se recorre mejor
con compañeros competentes.

1. competente: capaz de hacer bien las cosas que uno hace; capaz; diestro en hacer lo que uno hace; a la altura de las exigencias de la actividad propia.
2. incompetencia: falta de conocimiento, destreza o pericia adecuadas; inexperiencia; incapacidad; posibilidad de cometer grandes errores o equivocaciones; torpeza.
3. practicar: ejercitar o llevar a cabo repetidamente para adquirir o pulir una destreza.


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